Logramos cerrar un año escolar con nuestras cabezas en alto, le damos cierre también a un ciclo en el que siempre nos caracterizamos por ser aquel grupo tranquilo y silencioso, al que nunca le gustó llamar mucho la atención, pero que siempre conservó ese fuego interno y esa alegría que nos permitía sacar las cosas adelante. Algunos se quedaron, otros se fueron y otros llegaron, fue uno de esos viajes que te marcan más por el trayecto que incluso por el mismo destino, porque vivíamos nuestro presente como una familia.
En definitiva, la vida no trata de casualidades y lo digo porque nos puso en aquel viaje, a las mejores guías, unos maestros que no sólo exprimieron nuestros potenciales o ampliaron nuestra barrera del conocimiento, sino que son de los seres humanos más íntegros que he conocido. Un profe truco que siempre nos remarcó lo que éramos, números uno, un profe Álvaro con el que compartíamos las risas y el desorden, y una profe Martha que fue nuestra madre durante todo el proceso y nos preparó para levantarnos de las caídas más duras que nos dará la vida.
Los profesores Patrick, Luz Ayda, Darwing y Julián personas maravillosas con las que nos hubiese encantado haber compartido aún todavía más. Nuestras coordinadoras y psicóloga por las facilidades que nos dieron durante la realización de nuestros objetivos como promoción, al rector Andrés por darnos un acompañamiento especial y el estar siempre dispuesto a escucharnos. A Don Javier y Doña Ana por lo que significan y representan para nosotros y para este colegio. Y sobre todo a María Mercedes por ser el origen de lo que estamos celebrando la tarde de hoy, quien con certeza también nos está acompañando en este gran logro.
Podría extenderme todavía más porque no bastan las palabras para describir nuestra inmensa gratitud hacia todas esas personas que nos permitieron llegar y ser lo que somos en este momento, gracias totales, ya que sin ellos me atrevería a decir que esto no hubiese sido posible.
Recuerdos que estarán presentes para siempre, anécdotas y amistades que definitivamente no se repetirán, Juanes y Emma mis hermanos y compañeros del desastre, además de la marca de baba que dejaron en los pupitres de tanto dormir, dejaron una huella enorme para la institución. Andrés y Nicolás, bailarines que marcaron un presente en la historia salsera del colegio. Entre Laura, Manuela y Valeria se repartían los regaños y pataletas hacia el resto de sus compañeros irresponsables, poco capacitados para hacer una simple manualidad o recortar un pedazo de cartulina. Majo Naranjo y Santiago García, parece nacieron para el diseño y el dibujo, a todos alguna vez nos salvaron el pellejo en alguna presentación. María Paula y Majo Mosquera, inseparables e intolerables, tenían una gran fascinación por esconderle sus pertenencias a algunos compañeros, tal cual un grupo de crimen organizado, mujeres muy inteligentes y de corazones muy nobles. Santiago Fernández y Juanma, nuestros ingenieros en sistemas, negados para el fútbol pero con capacidades enormes para todo lo digital. Esteban, rebelde sin causa, también formaba parte de muchas recochas y un duro para la música. Dani y Aleja, un par de chicas tan tranquilas que parecían invisibles, un par de mujeres especiales y muy serviciales con cualquiera de nosotros.
Hoy, llegó ese momento en el que toca despedirnos de ese lugar en el que nos sentíamos seguros y más que a gusto, a seguir viajando pero modificando un poco la ruta para descubrir nuevos desafíos, a seguir haciendo historia y a cambiar el mundo, un mundo que no necesita más máquinas, sino personas libres y de corazones enormes, y eso es justamente lo que forjan aquí.
No es un adiós, sino un hasta pronto. Gracias.